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miércoles, 2 de junio de 2010

INCONFORMES ¡QUIÉN LOS ENTIENDE! ¿QUÉ HACER CON ELLOS?

Durante esta semana, me he dedicado a observar la conducta de la gente, en especial, el cortejo que se da entre hombres y mujeres.

Ayer me senté a platicar un rato con unas amigas de la universidad, Ninguna de las tres traíamos buena cara, no fue una semana muy linda ni fácil que digamos para muchas personas que conozco, incluyéndome a mi.

Una de ellas, se quejaba de su soledad, intentando disfrazarla con una risa irónica y sarcástica, la otra, trataba de ocultar la tristeza que sentía por haber terminado con su novio, relatándonos una serie de comportamientos incoherentes acerca de él, con los cuales ya comenzaba a sentirme identificada, pues me sonaban muy familiares de acuerdo al análisis que realicé.

Y yo, tratando de consolar a las dos, haciéndoles ver que no eran las únicas en desacuerdo, les contaba acerca de los dimes y diretes en que me he visto envuelta en los últimos días, mientras terminaba mi discurso que parecía sacado de un melodrama, con la cara confusa entre las manos y los codos sobre la mesa diciendo con indignación: “¡Ya no entiendo nada!”

¿Qué es lo que no comprendo? Pues nada mas y nada menos que los pensamientos y juicios contradictorios que tienen muchos hombres (con todo respeto, no son todos) respecto a las mujeres. ¡Nada les gusta! Y pareciera que de ningún modo se les puede tener contentos. A lo que me refiero es a esto:

Si los buscas, eres una “hostigosa”, si no los buscas “Que sangrona, ¡ni que estuviera tan buena!”, si te les avientas, eres una “atrevida” y además “fácil”, si no te les avientas “¡Qué tímida y anticuada!”, si quieres tener relaciones con ellos, eres una “cualquiera” (ellos en realidad piensan otra palabra mas fuerte), si no quieres, eres una “santurrona que se hace del rogar”, si les llamas, eres una “rogona”, si no les llamas “¡Ay que payasa y coda!, ni en una llamada quiere gastar”. Si te quieres casar, eres “posesiva”, si no quieres “Vieja cotorra amargator”…

¿Quieren más?...
Si eres romántica con ellos “Que cursi”, si no lo eres “¡Qué fría!”, si los tratas con dulzura y cariño, “sumisa empalagosa”, si los tratas a secas “¡Frígida!”, si te enojas con ellos, “¡Qué tipa tan histérica, ni ella sola se aguanta!”, si no te enojas “¿Me estas dando el avión? O ¿Por qué estas de acuerdo conmigo en todo lo que digo?”, si te caen bien su grupo de amigos y salen en bola “de seguro te gusta alguno de ellos”, si no salen juntos “Nadamas quieres que salga contigo y no me dejas estar con mis amigos, ¡restringes mi libertad!”…

¿Le sigo?...
Si te arreglas bien, eres una “vanidosa”, si no te arreglas “Marimacha y fodonga”, si le preguntas algo sobre su vida, “eres una metiche”, si no le preguntas, piensa que lo tratas con indeferencia y que no le importas. Si te portas educada, eres “Fresa”, si no, una “Naca”, si le regalas algo caro “¡Qué despilfarradora, gasta mucho dinero en frivolidades!, ¡me va a exprimir!”, si no le regalas nada “¡Qué tacaña!”, si comes mucho, “Que golosa y tragona, se va a poner bien gorda”, si comes poco, eres una “anoréxica”, ¿Te gusta salir? “Vieja floja y andariega, se la pasa en la calle”, ¿No sales? Eres una “aburrida”, si los ayudas con algo, se intimidan, si no les echas la mano “¡Qué egoísta!”, y si le seguimos… ¡No acabo!

¡Por Dios! ¿Qué clase de actitudes son estas? Es denigrante y cansado para cualquier mujer. Y eso no es todo, ¿Quieren ver cuál es el colmo de todos estos “colmitos”?: llegas con el hombre en cuestión, después de haber pasado por todo este vía crucis de juicios hacia tu persona, esperando escuchar alguna respuesta alentadora y sólo termina diciéndote: “No sé lo que siento… estoy confundido” ¡CONFUNDIDO! ¡Pues como no se van a confundir con semejantes pensamientos!

¿CONFUNDIDO? (¡¿L?!) Pero si aquí, ¡Las más confundidas somos nosotras!: ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer?, ¿Qué decir y qué no decir? ¿Cómo nos comportamos con ellos? ¿De qué manera tratarlos? Si nada les parece, ¿Qué les damos y que no? No tenemos que cambiar a su gusto porque ellos lo quieran, ni tampoco nosotras podemos cambiarlos a ellos; deben aceptarnos como somos y conocernos mmmmuuuuyyyyy bien, antes de emitir cualquier juicio en nuestra contra, ¡podrían equivocarse!

Chicas, Señoras, y Mujeres en general: Tenemos un gran problema, ¿Qué vamos a hacer con ellos? Sólo nos queda una solución con estos “inconformes”: hacer lo que decía una de mis tantas tías: “Tómate 2 pastillas de “ubicatex”, relájate y luego mándalos directito a la… (#!/&@%@!!!!!”. Por último, quiero hacerle una súplica al señor: “Dios mío, ilumínalos… ¡Pero no los encandiles!, y sobre todo, danos mucha, ¡pero muchísima! Paciencia… porque si te pedimos fuerzas, los matamos con un golpe al estilo priista (Madrazo y Pintado)”.

Hombres: ¡Pónganse listos! Y no sean tan indecisos, podrían lamentarlo demasiado tarde.
Una disculpa a todos los descalabrados que están sangrando al leer esto. Cualquier parecido con la realidad es mera “coincidencia”. Mujeres: ¡No se dejen!

Roxana Nayelli Gutiérrez Zepeda

Comentarios: nayelligz@gmail.com

miércoles, 31 de marzo de 2010

“AMORES EXTRAÑOS: HISTORIA DE UNA OBSESIÓN”

Hace algunos años, en unas de mis tantas vacaciones en el Distrito Federal, tuve la suerte de acompañar en su cumpleaños a una prima con la que tengo una excelente relación de amistad. La fiesta fue en el departamento de mi tía; todo improvisado, pues el plan original era salir a cenar juntos en familia.

Llegaron los amigos de mi prima y me senté a platicar con sus invitados mientras traían el pastel. Así pasaron las horas: tomando fotos y videos, entre chistes y la plática de algunas anécdotas curiosas.

Gran parte del tiempo, me dediqué a escuchar todo lo que comentaban, pero casi al final de la fiesta, me llamó la atención una conversación en particular: Mi prima, su novio (ahora esposo) y una amiga de ambos, estaban enfrascados en un tema tan interesante, que debido a su importancia y a la frecuencia de casos que se dan en nuestra sociedad, he decidido dedicar estas líneas para contarles la historia de un problema que padecemos la mayoría de las mujeres, algunas más que otras y en distinto grado de intensidad: Se trata de las cosas que hacemos cuando nuestro amor por alguien se convierte en una obsesión. Cabe señalar que éste, es un caso extremo, pero desgraciadamente real.

La amiga de mi prima, comenzó la charla manifestando su preocupación por la conducta de una de las mujeres ausentes en la reunión; la susodicha se llama Valeria, y es una mujer de mediana estatura, cabello largo y rizado, piel blanca, ojos grandes y cafés, que en aquel entonces tenía 30 años de edad (ahorita debe tener unos 34).

Unos meses atrás, mientras se divertía en un “antro” con sus amigas, conoció al que según ella era “el amor de su vida”, un muchacho 11 años menor que ella llamado Alberto. Aquella noche, este chico cometió un error: besar a Valeria. Ni siquiera se imaginaba todas las consecuencias que ese beso desencadenaría…

Al día siguiente, Vale llamó al tipo por teléfono, solamente para notificarle que como se habían besado en aquel antro, oficialmente ya eran novios. El jóven, algo sorprendido, por no desilusionarla y vivir una experiencia diferente, no tuvo de otra más que aceptar la apresurada decisión. Fue entonces cuando la amiga de mi prima, que vive en un departamento junto con Valeria, comenzó a relatar las conductas obsesivas de esta mujer:

“Vale pasa todo el día hablando de Alberto, todas las decisiones que toma las hace pensando en él; lo llama al celular o a su casa al menos cinco o más veces al día, pues se pone histérica y deprimida cuando no está con él; si no se ven, hace un drama e incluso mueve cielo, mar y tierra para ir a verlo”…

Así como aquella vez que despertó a su compañera de cuarto a las 2 de la mañana para que la acompañara en un taxi a la casa de Alberto porque no podía estar un minuto más sin él, o en el año nuevo, cuando la madre de Valeria le suplicó llorando a su hija que se quedara con ella en esa fecha especial, a lo que Vale respondió que no podía porque al día siguiente entraba a trabajar a las 6 de la mañana. ¡Qué pretexto tan poco ingenioso! Pero la realidad es que en cuanto Valeria llegó a su casa, marcó de inmediato a su chico para que pasara por ella y fueran a divertirse toda la noche.

Nuestra obsesiva amiga, no estudió mas que la preparatoria y ya tenía un buen tiempo sin trabajar; intentaron conseguirle trabajo en tres lugares distintos, pero ella no los aceptó porque le quitarían mucho tiempo y no podría ver a su novio, lo cual era inconcebible para ella, así que en vez de trabajar 8 horas en una oficina, con un buen sueldo, prefirió trabajar por las mañanas como ayudante de cocina en un puesto ambulante de comida que estaba cerca de su casa.

Esta mujer, no tiene deseos de superarse, nada le importa, su mundo gira en torno de Alberto, es más, su mundo es él. Pero aquel muchacho, vive en un mundo muy distinto al de su novia; él es un jóven que apenas comenzó su carrera, y quería hacer una maestría en Europa; tiene muchos planes, pero en esos planes no está Valeria; para él, es una relación corta, pasajera; pero ella piensa que Alberto la incluye en su futuro, por eso dice que va a comenzar a ahorrar para irse con él a Europa, que pronto se casarán y en unos años tendrá un hijo con él.

“Vale dice que si Alberto la deja, ella se suicida, y me preocupa porque no es la primera vez que pasa algo así…” relató la amiga de mi prima, mientras agregaba que el ex novio de Valeria, tuvo que irse a vivir a otra ciudad para poder librarse de ella.

No será nada fácil para Alberto safarse de Valeria, pero la situación más difícil será para ella. Es una pena que tal vez por fin logre su cometido de suicidarse, o puede ser que su problema obsesivo se agrave mucho más con el tiempo.

De lo que sí estoy segura, es que los celos y la obsesión por alguien, son una enfermedad muy peligrosa, tanto para el que la padece, como para los que están a su alrededor.

Estas mujeres muchas veces no tienen dignidad y se humillan acosando de manera insistente a los hombres que las desprecian; se ciegan, tienen baja autoestima y nunca podrán tener una relación estable, siempre vivirán en la mediocridad, hasta que no se den cuenta de su actitud y se valoren a sí mismas como lo que son.

Este tipo de relaciones, hay que tomarlas como dice una canción: “…amores tan extraños que vienen y se van…” sólo así podremos ser conscientes sin aferrarnos a alguien y disfrutar una relación el tiempo que dure, sabiendo que algún día terminará…

Roxana Nayelli Gutiérrez Zepeda
Comentarios: nayelligz@gmail.com

“¡Pobre niña! ¿Qué será de ti?”

¿Alguna vez se han preguntado de dónde surge la violencia, los abusos, el robo, los suicidios, las pandillas, el secuestro, la corrupción, el desempleo, la discriminación y demás problemas sociales? Muchas de las respuestas se encuentran dentro de la familia: en el trato y educación que le dan a sus hijos.
En un artículo pasado, hablé acerca de una mujer maltratada, y mencioné que uno de sus hijos (la niña) me llamó mucho la atención. Aquel día, mientras comíamos, los dos pequeños se acercaron tímidamente a la mesa para ser presentados, acto seguido, el niño se despidió y corrió a jugar con otros amiguitos de él que andaban por ahí; en cambio la niña, esa pequeña tan blanca y rubia como una muñeca de porcelana, fue muy seria y silenciosa a sentarse en un sillón que estaba justo en frente de mi. Su mirada, era tan profunda y vaga como un océano que se pierde en el horizonte y a pesar de que sólo tenía nueve años, sus ojos reflejaban una gran tristeza y melancolía.

Me acerqué a preguntarle por qué estaba tan sola y no se iba a jugar con los otros menores, la niña me respondió sin siquiera mirarme, con una voz fría de amargura y casi con lágrimas en los ojos: “No, no puedo… mi papi no me deja jugar con niños porque dice que son hombres y pueden hacerme daño, lo tengo casi prohibido, si me voy con ellos, se va a enojar mucho, me va a regañar y a castigar muy feo… Casi nunca salgo, no me dejan… tal vez por eso no tengo muchos amigos, sólo puedo jugar con algunas niñas…”

Después se produjo un silencio interminable, sus palabras me dejaron con un nudo en la garganta y sin saber qué decir, ¿Cómo es posible que le roben la infancia a una criatura de esa manera? Y ahí estaba ella, encerrada en una jaula de oro, sin derecho a jugar con sus amigos y su hermano por ser niña, con un padre machista y autoritario, sin una amiga en quién confiar y con un televisor como su única diversión y compañía, ¡Qué vida tan infeliz le espera! Por un momento me puse en sus zapatos, y francamente no desearía ser ella ¿Se imaginan como serán las cosas cuando esa niña tenga 17 o 18 años?

Probablemente será una joven rebelde, antisocial, reprimida y amargada que vivirá reprochándole a sus padres haberle negado la oportunidad de ser feliz, será una mujer a la que desde pequeña le inculcaron que la compañía de los hombres es mala por que la dañarán, y esto le traerá serios problemas en sus relaciones personales, pues en el fondo, tendrá resentimiento hacia el sexo opuesto, empezando por la figura de su padre que le hizo la vida imposible en vez de ayudarla.

¡Pobre niña! ¿Qué será de ella? Tal vez algún día logre escapar de su prisión, o Dios no lo quiera, termine quitándose la vida… La respuesta no la sé, pero de lo que sí estoy segura, es que como ella hay muchos niños con la inocencia perdida: niños que por tener la desgracia de haber nacido pobres, son obligados a trabajar o a pedir limosna, y ni siquiera saben lo que es un juguete; niños que por vivir en el campo y ser “hombres” tienen que aprender el oficio de las duras y largas jornadas de un campesino o un ganadero, pero nunca conocen la escuela; niñas que por necesidad, tienen que convertirse en la “mama” de todos sus hermanitos y que no pueden salir a jugar por que su madre tiene que trabajar y las pone a ellas a hacer todos los quehaceres del hogar; niños que son robados, extorsionados, violados e incluso obligados a prostituirse, niños de cualquier clase social, como nuestra pequeña protagonista, que sufren por la sobreprotección.

Y claro, tampoco podían faltar, los pequeños que son maltratados por su propia familia, los que son reprimidos o de plano abandonados por sus padres. Por favor ¡Ya basta! ¡Son niños, simplemente déjenlos ser! Ellos no tienen la culpa de haber venido al mundo, también tienen derecho a jugar, a reír, a ser libres… y no quiero decir con esto que los dejen hacer lo que quieran (sería como criar a un monstruo o un delincuente social) pero sí que les den atención, cariño y mucha comprensión, recuerden que también ustedes alguna vez fueron pequeños, y no hay mayor satisfacción que ver a un niño sonreir. Les reitero una vez más, y prénsenlo por un momento ¿Qué mundo les vamos a dar a nuestros hijos?

Roxana Nayelli Gutiérrez Zepeda
Comentarios: nayelligz@gmail.com